Archivos para la categoría: literatura

Publicada originalmente en http://www.milenio.com/firmas/martin_rangel/Entrevista-Gretta-Uhlig_18_462133826.html

http://www.milenio.com/firmas/martin_rangel/Entrevista-Greta-Uhlig-segunda-parte_18_466333422.html

En las semanas anteriores, como editor del sitio web de la revista tn (revistatn.com) de opinión, literatura, fotografía e ilustración, recibí un mensaje, no al correo electrónico destinado a recibir colaboraciones, sino a mi cuenta personal de Gmail. Sucedió mientras preparaba el orden de los nombres que, desde hace poco más de un mes, integran el dossier de los, según el muy subjetivo criterio del consejo editorial de tn, mejores poetas jóvenes en lengua castellana de la actualidad. Un email en el cual, dotada de un lenguaje excesivamente pulcro para sus datos biográficos, una joven poeta desconocida tanto para mí como para todo el mundo solicitaba la inclusión de tres de sus poemas al dossier antes mencionado. Los poemas fueron publicados y desataron una oleada de comentarios de todo tipo (predominantemente de asombro) en las redes sociales. Semanas después, fui yo quien le escribí solicitando una muestra más de su obra, esta vez para el blog de la Editorial Malos Pasos (editorialmalospasos.net), de cuyo consejo editorial formo parte. Los Cinco estudios sobre Martha Argerich de Gretta Uhlig (Aguascalientes, 1994) fueron publicados aumentando consigo el halo de misterio que alrededor e la autora había comenzado a dibujarse. Hasta el día de hoy, además de su genio poético que ha deslumbrado a un número considerable de lectores que así lo han expresado, lo unico que sabíamos de ella es lo siguiente: estudia gastronomía, escribe un libro titulado Gandalf, y no usa twitter ni facebook. Yo soy la única persona en el medio que conoce su Gmail, a través del cual esta entrevista ha sido realizada. Bienvenidos al enigmático mundo de una de las voces más interesantes de nuestra literatura reciente.

Martín Rangel: Ahorrémonos las cortesías, Gretta, y avancemos hasta la primera pregunta: ¿cómo te desenvuelves en una estética, la de la alt lit, tan influenciada por el fenómeno de las redes sociales, manteniéndote completamente al margen de este, situándose así en una suerte de exilio del mundo? ¿beneficia esto a tu proceso creativo?

Gretta Uhlig: Voy a intentar ser lo más clara posible: no siento que esté exiliada del mundo. Simple y sencillamente no uso Facebook ni Twitter. Creo que es un poco triste que la gente me vea como una relegada de la realidad por no utilizar esas cosas.

Apenas hace unas semanas supe lo que es eso de la alt lit. Había leído a Tao Lin, Noah Cicero y Mira González (creo que el resto son una mala copia de ellos) sin darme cuenta que los ligaban a un movimiento o generación o lo que sea. Me gustan y creo que son buenos escritores. Creo que es algo bastante desafortunado cuando las únicas características que puedes encontrar de un nuevo movimiento literario (otro concepto que me parece poco atinado) es que, por ejemplo, en el caso de la alt lit, se mencionen elementos de la cultura contemporánea. No miento, esto lo leí en alguna parte: que en la “alt lit” se haga mención de las nuevas tecnologías y de la cultura popular y que eso la haga “alt lit” me parece una soberana idiotez y, desde luego, una evidencia de un profundo desconocimiento de la relación del ser humano con el mundo. Por ejemplo, cuando lees a Li Quingzhao o a Li Po entiendes que su realidad, su mundo, sus desesperaciones y sus obsesiones van más allá de ver a un cebú arando la tierra en un campo de arroz, porque en ese entonces eso era la tecnología. ¿Por qué la gente está obsesionada con escribir respecto a esto? porque hay miedo de ver el monstruo enorme que existe dentro del alma. Hace poco vi una foto que me conmovió: El Jardín de las Delicias colgado en la pared de un museo, frente a él, un sillón de descanso con diez muchachitas rubias, en shorts y blusas de The Smiths viendo sus celulares. Esto es una realidad que, por lo menos a mí, me desespera y me entristece. No creo en la alt lit como una estética, creo en la alt lit, quizá, como una época en la historia de la literatura que podría o no trascender, no sé, no me importa. No tengo la suficiente capacidad literaria ni la suficiente validez profesional para decirte “lo que hago es alt lit” porque ni creo en eso ni creo en que hablar de mis poemas en esos términos sea válido.

M.R.: Habiendo tocado el tema de la literatura alternativa, y leído en tus poemas los nombres de artistas como Mira Gonzalez, Martha Argerich y Bon Iver, me veo obligado a pedirte que me cuentes más sobre tus influencias. ¿Trascienden estas, como hemos leído, el terreno de lo meramente literario?

G.U.: Me gusta lo que escribe Mira González. El poema que escribí respecto a la madrugada que pasé leyéndola es simplemente eso, las cosas que sentí al leerla. Cuando era niña estaba obsesionada con Martha Argerich, me parecía una mujer hermosa, quería que fuera mi madre. For Emma, Forever Ago de Bon Iver es un disco perfecto, y es triste porque el resto de sus discos son una porquería. Utilizo estas anclas en mis poemas porque me es difícil hablar de mí, es algo que me incomoda y que me congela. Pero en Mira, en Martha y en ese disco de Bon Iver encuentro un camino en el que el poema puede trabajar. Me imagino que así funcionan las influencias. Por ejemplo, en mi libro Gandalf hablo de este personaje porque Gandalf es un ser humano inteligente, bondadoso, valiente y extremadamente cool, yo quisiera ser eso. Gandalf será un libro de todo lo que quiero ser. Esto puede ser engañoso y hasta peligroso, porque creo que la cúspide de la experiencia poética desde el punto de vista del autor, es desaparecer en sus poemas. Hace poco estaba con una amiga y dijo algo como “me gusta mucho ese Vermeer” y señalaba un libro de historia del arte. ¿Te fijas cómo el autor ha vencido a la obra? ¿por qué no dijo: “me gusta el óleo de ‘mujer leyendo una carta’”?. Yo no quiero esto: he visto cómo los poetas de mi edad se enloquecen cuando Tao Lin o Jordan Castro o la misma Mira González sacan alguna nueva estupidez en Tought Catalog, pero no leen eso, ni siquiera se dan cuenta que son estupideces, porque ellos están leyendo a Tao Lin, no a la obra de Tao Lin. Ahí está la mayor dificultad del poema ¿cómo desaparecer ante algo que te obliga a desnudarte totalmente? por eso uso gente, cosas, lugares, en donde pueda estar escondidita sin hacer mucho ruido.

M.R.: A propósito de tu casi-anonimato, y pensando en la línea del poeta David Meza que dice “Mi vida es una nota al pie de mi obra.”, ¿crees tú que un poeta es apenas su obra? ¿te mantienes tras bambalinas evitando caer en la tan absurda, y tan común, “mitificación” de un artista a partir de su supuestamente agitada y convulsa biografía?

G.U.: Es lindo y emocionante lo que David Meza dice de su vida, pero a mí no me gustaría definir mi vida, tengo veinte años y hacerlo sería un enorme acto de soberbia. Mucho menos me gustaría definir mi vida en relación a mi obra, porque creo que, lo que sea que sea la vida, es algo más grande y bello y enorme que la literatura. Creo en Pessoa cuando dice que un poeta es un fingidor, es eso, siempre está fingiendo, finge que finge que finge y eso me da dolor de cabeza y vértigo y ganas de llorar, pero hasta este momento es la única definición que me convence. No quiero mitificarme, es algo que me enoja. Hace unos días un amigo leyó mis poemas que publicaron en Malos Pasos y empezó a fastidiarme diciéndome que quería ser la Thomas Pynchon mexicana, cosa que es estúpida y falsa. De verdad me enoja porque no entiendo por qué para la gente es tan difícil saber que alguien, simple y sencillamente, quiere estar lejos de las cosas que no le gustan. No soporto los mariscos, incluso cuando estoy en el mercado, evito pasar por la zona de pescados y mariscos ¿es bastante lógico, no?. Dudo que pueda mitificarme, y si pasa, será una pérdida de tiempo porque hay decenas de autores que merecen ser mitificados, sea lo que sea que eso signifique.

No quiero que la gente me busque, quiero que la gente me lea. Es así de sencillo. Es la mejor soberbia y egomanía que un escritor puede tener, y he decidido que sea esa. No le hago daño a nadie y nadie me hace daño a mí, todo es justo entonces.

M.R.: Luna Miguel alguna vez dijo, citando a alguien cuyo nombre no recuerdo, que es imposible ser mujer en el siglo XXI y no ser feminista. En uno de tus poemas, hablo de los “Cinco estudios…”, trazas una marcada distancia entre las mujeres poetas coétaneas a ti en términos de eso que solemos llamar “feminismo”. Como que te sitúas fuera de ese aparente “must be”, quiero decir. ¿Cómo va ese asunto?

G.U.: Soy tibia respecto al feminismo porque las cuestiones de género me molestan un poco. Yo no veo a hombres y/o mujeres, veo a personas, y esas personas están equitativamente dotadas con la capacidad de dañar, amar, traicionar, perdonar, olvidar, etc. Yo soy mujer porque así lo quiso la naturaleza, y desde luego que eso, en ninguna manera, debe hace sentir superior o inferior o diferente (creo que sentirse inferior o diferente a algo es una manera bastante soberbia de pedir atención). Si ‘feminista’ quiere decir ‘vamos a tratarnos a todos por igual’, entonces soy feminista.

M.R.: Es imposible desmarcarnos de nuestro contexto histórico. México vive una grave crisis en estos momentos, eso se ha dicho hasta el hartazgo. ¿Cuál es tu perspectiva sobre el compromiso que debe asumir (o no) el poeta frente a la barbarie social? Y, su obra, ¿debe comprometerse?

G.U.: Lo único que sé es que un poema jamás va a detener el hecho de que asesinen, roben, violen o estafen. Menos en México, porque nadie lee poesía en México. La poesía ayuda a construirte una posibilidad de ver otras realidades, pero sólo es una posibilidad. Tristemente la mayoría de la gente que escribe poemas se preocupa demasiado por cosas que dañan rotundamente a la poesía. Por ejemplo, hace unos días leía unas cosas de un muchacho de Monterrey que se hace llamar poeta y crítico literario (de aquí ya empezamos mal) y lo único que hacía era hablar de cómo los poetas se coluden entre ellos y se regalan premios y todo ese discurso que encuentras hasta el hartazgo en los círculos literarios ¿y la poesía dónde quedó? ¿dónde está lo verdaderamente importante?. Dudo que pueda existir un poeta comprometido si este se preocupa demasiado por cómo lo ven los demás.

M.R.: Por último: nos has contado ya algunos motivos de fondo sobre Gandalf, tu ópera prima próxima a publicarse, sin embargo me gustaría saber los pormenores extraliterarios como: ¿quién lo editará? ¿cuándo saldrá a la venta? ¿se tratará de un libro físico o un ebook?

G.U.: Gandalf sale este año, espero. Lo editaré yo misma si es que no sale alguien que quiera publicármelo. Si no sale nadie, sólo estará en electrónico. Si alguien me ofrece publicación, espero sea un libro con una portada llena de colores bonitos.

gretta

El suplemento “RADAR LIBROS” del diario argentino Página 12 publicó, en abril del 2011, una crítica del celebrado escritor Rodrigo Fresán a la novela Richard Yates del polémico Tao Lin (Virginia, 1983). En el texto, el autor se ocupa, entre otras cosas, de ridiculizar la figura de Lin como portavoz de una generación definida por un desencanto con dominio punto com. El humor, y esto a ningún lector de Fresán le caerá de raro, con que está escrita la nota es admirable. Para muestra, una cita: “Justicia poética: de aquí a unos años pocos leerán Richard Yates, muchos seguirán leyendo a Richard Yates y, podría jurarlo, ningún joven narrador escribirá y publicará una novela llamada Tao Lin.”. Hoy, como en la primavera del 2011 (y seguramente en primaveras anteriores y posteriores) está de moda odiar a la alt lit (literatura alternativa; movimiento del cual Lin, bien que mal, es la cabeza más reconocible). De la crítica de Fresán admiro, como he dicho, el humor, así como la evidente lectura atenta de la obra del reseñado. Se habla de pobreza en el empleo de elementos “retóricos”, de lenguaje básico o “monocorde”. Aquí hay un problema: pretender juzgar como literario aquello que, sin que esto demerite en lo absoluto su efectividad emotiva y genialidad, no lo es. Y si lo fuera, ¿qué más da?. Davo Valdés en una ocasión dijo: “toda etiqueta es frágil”. No sé si estaba citando a alguien (si alguno de ustedes rastrea la fuente de semejante pieza de sabiduría espontánea, hágamela llegar), pero sí sé que estoy convencido de que está en lo correcto. Así como está en lo correcto el poeta Héctor Hernández cuando dice que los chicos de la alt lit “no inventaron el internet”, que desde mucho antes se hacía uso de la plataforma web para difundir / escribir / incorporar elementos de la vida online a la escritura. Cualquiera que posea la más elemental conciencia histórica sabrá que nadie (desde el pasado grecolatino) ha inventado nada, que todo es parte de un ciclo, que la originalidad en la literatura es imposible y perseguirla sólo es una actividad generadora de frustraciones y gastritis.

Ulises Carrión dice, en El arte nuevo de hacer libros,: “toda literatura es vieja literatura”. Y eso, estoy convencido también, es cierto. Por eso la alt lit no cabe en la literatura, porque está cargada de atrevimientos —más allá del tan satanizado empleo de vocablos como “gmail” o “wifi” que tanto molesta a los críticos obsesionados con anacronismos del tipo “atemporalidad” o “diálogo con el futuro”— que nuestra noción de lo literario (debido a siglos de tradición imposible de ignorar) jamás nos permitiría llevar a cabo. Atrevimientos que celebro y admiro, hay que decirlo, y de los que sólo se enterarán si echan un vistazo a la obra de los autores aquí mencionados. Está de moda odiar a la alt lit sin haber jamás leído un fragmento de la valiosa obra de Ashley Opheim o Jordan Castro o Joshua Jennifer Espinoza o Philip Gordon o Adefiseyo Adeyeye o Brittany Wallace (todos autores de una alt lit que hace falta leer y criticar, porque tal parece que sólo pensamos en las “cabecillas” del grupo: idea obsoleta también). Está de moda odiar porque nosotros, los estudiosos, tenemos el deber de defender una etiqueta que, como dijo Davo, es frágil. Defender la etiqueta de “literario” o “perdurable” en una sociedad de consumo y volatilidades es un acto nobilísimo que de tan ingenuo conmueve. En un país de no lectores, ¿de verdad vale la pena?. Yo, al menos, prefiero ver a un chico con un libro del magnífico Pablo Robles Gastélum en la mano que con una cuerno de chivo (aunque quizás prefiero tener el cañón de la cuerno en mi sien que leer un libro de Coelho). Y a todo esto, ¿a qué se debe el odio?. A mi juicio existen dos posibilidades: una: que a los resentidos premios nacionales de poesía joven (cuyos nombres todos hemos olvidado) les llena de envidia la cantidad de lectores que han ido cosechando, y seguirán (a pesar de su supuesta muerte) los autores de tal movimiento; la otra: que, efectivamente, como muchos han expuesto, se trate de una literatura “hipster” que más tardaremos en googlear que en olvidarla. “Ah. O.K.”, como diría Fresán.

También está el caso de la noción de grupo, tan repudiada por los solitarios genios de los versos aúreos y delicados que nadie (o casi nadie), miremos las estadísticas, lee. Odiar la colectividad, el empuje entre todos, el marketing, todos asuntos que, si bien son extraliterarios, hacen algo que muchos otros no: conseguir lectores. Ahí está la verdadera magia. Lo que, en verdad, vale la pena de todo esto y en donde, sostengo, se concilian las partes en disputa. Me explico: el no-lector se enfrenta a una novela de Tao Lin: lenguaje sencillo (y no por ello simplón), cotidianidad, actualidad: un retrato de su propio universo. Identificación, click inmediato. O se encuentra un video en el que Steve Roggenbuck se filma a sí mismo recitando un poema cursi sin embargo hermoso y profundamente conmovedor en un parque mientras todos lo miran raro. Empatía, comunión inmediata sin necesidad de haber leído antes un solo tratado de teoría literaria. Ahí está el primer acercamiento y, si de algo estoy seguro, es que la lectura es como esa primera dosis de cristal: volverás a ella. Ya sea por medio de una novela o poemario alt lit, o un tedioso mamotreto del XIX, volverás. Necesitamos lectores, y los necesitamos ya. Sólo hace falta echar un vistazo a nuestra realidad nacional para constatarlo. Y si que los chicos de alt lit sean capaces de aquello que ustedes, sabios y dueños de lo que sí es y lo que no es, es el motivo auténtico de su odio, quizás haya por ahí un par de cosas que repensar.

@senosderana

/home/wpcom/public_html/wp-content/blogs.dir/cb3/49271065/files/2015/01/img_0093.jpg

y también dos poemas muy diferentes entre sí, creo.

El primero es parte de mi segundo libro (que será publicado el verano próximo):

http://estabanlocos.tumblr.com/post/93907753986/martin-rangel

Y el segundo es parte de otro libro que no sé si saldrá publicado a inicios del año entrante o después o nunca:

http://www.radiadormagazine.com/2014/08/mi-sistema-nervioso-central.html

Abrazos.